Hay artistas que trabajan con pintura, piedra o metal. Laetitia Ky eligió un material mucho más personal: su propio cabello. Nacida en Abiyán, Costa de Marfil, en 1996, esta artista y activista de 29 años se hizo conocida por crear esculturas con ayuda de alambres y extensiones, transformando sus peinados en manos, rostros, bicicletas y otras figuras cargadas de significado.

Pero detrás de lo visualmente impactante existe una historia más profunda.Durante su adolescencia, Ky adoptó modelos de belleza occidentales que la llevaron a modificar el aspecto natural de su cabello.

Con el tiempo comenzó a investigar las tradiciones africanas y descubrió antiguas fotografías de mujeres que lucían elaborados peinados escultóricos. Aquellas imágenes despertaron una idea: recuperar esa herencia cultural desde una mirada contemporánea.

La inspiración no era casual. Antes de la colonización europea, los peinados ocupaban un lugar central en muchas sociedades africanas y expresaban identidad, origen y pertenencia. Parte del trabajo de Ky consiste en recuperar ese legado y llevarlo al arte contemporáneo.

Sus esculturas abordan temas como la igualdad de género, la discriminación racial y la representación de los cuerpos africanos. Cada peinado funciona como una metáfora visual y una forma de activismo artístico.

Gran parte de su reconocimiento comenzó en las redes sociales, donde sus imágenes se viralizaron rápidamente y la llevaron al circuito internacional del arte.

En 2017 lanzó el taller "Ky Braids" (Trenzas Ky) para compartir sus técnicas y colaboró con la cantante nigeriana Di'Ja en un proyecto inspirado en los peinados tradicionales de las mujeres Himba. Un año después creó Kystroy, una marca de moda inclusiva centrada en la diversidad corporal.

Hoy, Laetitia Ky es considerada una de las artistas africanas contemporáneas más originales. Su obra tiende un puente entre las tradiciones ancestrales y los debates actuales sobre identidad y representación.

Quizás por eso sus creaciones generan tanto impacto. Porque detrás de cada una de esas esculturas imposibles hay historias, símbolos y memorias que vuelven a tomar forma. Y también una invitación a descubrir que, a veces, una obra de arte puede comenzar con algo tan simple como un peinado.