
En la ciudad de los canales, Acqua Alta transforma el acto de entrar a una librería en una experiencia única, donde los libros conviven con el entorno y el azar es parte del recorrido.

Las islas de calor urbanas intensifican las temperaturas en las ciudades, pero algunas ya están cambiando el rumbo: más árboles, corredores verdes y arquitectura vegetal para volverlas espacios más amigables y habitables.
En la ciudad de los canales, Acqua Alta transforma el acto de entrar a una librería en una experiencia única, donde los libros conviven con el entorno y el azar es parte del recorrido.
Frente al Museo Guggenheim de Bilbao hay una escultura que obliga a detenerse. La obra se llama “Maman” (mamá, en francés) y es una de las esculturas más reconocidas del arte contemporáneo del mundo .
Hay lugares donde el tiempo parece moverse distinto. Sommarøy, una pequeña isla del norte de Noruega, es uno de ellos. Allí, entre montañas bajas, playas claras y aguas frías del Ártico, los relojes tienen menos protagonismo que en casi cualquier otro lugar del mundo.
Si viajas en febrero, hay algo que está ahí, sin importar el destino: música en la calle, gente disfrazada, ritmos que no paran y una sensación de fiesta compartida. Eso es el carnaval. Una celebración que se vive en barrios, pueblos y ciudades de todo el mundo y que, aunque hoy parece puro festejo, tiene una historia larguísima detrás.
Tokio se mueve a un ritmo vertiginoso. Luces, pantallas, ruido, velocidad. En medio de ese pulso constante existe una librería que parece haber firmado un pacto con la calma. Se llama Morioka Shoten y funciona con una regla tan simple como clara: cada semana, un solo libro.
Hay lugares que rompen el mapa mental que uno tiene de un país. Punta Perdices es uno de ellos. Esta playa ubicada en la Patagonia Argentina , sorprende con aguas turquesas, arenas claras cubiertas de conchillas y un silencio apenas interrumpido por el viento y el mar.
Hay instrumentos que no se escuchan: se sienten. El handpan es uno de ellos. Su sonido metálico y cálido, casi acuático, parece flotar en el aire y bajar un cambio al mundo entero. No sorprende que se lo asocie con la meditación, los paisajes abiertos o esos momentos en los que la música no busca imponerse, sino acompañar.
Una pareja de ballenas y su cría avanzan en silencio sobre la selva tailandesa, como si nadaran en un océano verde suspendido en el aire. No es el mar ni un espejismo: es Hin Sam Wan, la Roca de las Tres Ballenas, una formación natural al noreste de Tailandia.
Mientras gran parte del mundo todavía está despidiendo el año viejo, hay un rincón del planeta donde las copas chocaron antes que en ningún otro lado. Ese lugar es Kiritimati, también conocida como Isla Navidad, el primer territorio habitado del mundo en recibir el Año Nuevo.
En diciembre —y durante las fiestas—, las plazas históricas de Europa cambian de ritmo. Aparecen pequeñas casitas de madera, se encienden luces cálidas, el aire se llena de aromas dulces y especiados .
La restauración fue celebrada con una gran fiesta al aire libre: artistas, público y luces devolvieron a la Floralis Genérica al centro de la escena porteña. Así, regresó esa sensación de equilibrio que solo los íconos verdaderos saben dar.
Hay ciudades que guardan canciones como si fueran tesoros. Y hay artistas que, sin proponérselo, se vuelven parte de sus esquinas, de sus veredas, de su modo de mirar el mundo.
Frank Gehry nunca encajó en los moldes. Nació en Toronto en 1929 y creció entre herramientas en la ferretería de su abuelo, donde descubrió su fascinación por construir.
