Mucho antes de los desfiles y las comparsas, ya existían fiestas populares ligadas al cambio de estación, a la fertilidad y al culto a distintos dioses. En la Antigüedad, griegos y romanos celebraban jornadas donde el exceso estaba permitido y las reglas se aflojaban. Con el tiempo, esas celebraciones se mezclaron con la tradición cristiana y quedaron ubicadas justo antes de la Cuaresma, el período de abstinencia y recogimiento del calendario cristiano.

De ese cruce surge también una de las interpretaciones más difundidas del nombre carnaval, asociada a la expresión carne vale, entendida como “dejar la carne”. No solo en sentido literal, como alimento, sino como despedida simbólica de los placeres del cuerpo antes de que comience la Cuaresma. Por eso el carnaval concentra el festejo: es el último gran momento de desborde antes de que el calendario cambie de tono.

Más allá de su origen, el carnaval siempre fue un espacio de expresión popular. Un momento para reírse del poder, exagerar sus gestos y decir cosas que el resto del año se dicen en voz baja. La crítica social aparece disfrazada de humor, música y parodia. Nada es casual: incluso el desorden tiene sus reglas.

Las máscaras y los disfraces son parte central de ese juego. Tapar el rostro permite soltarse, mezclarse y borrar por unos días las diferencias cotidianas. En carnaval nadie es solo espectador: todos participan. La calle se vuelve escenario y la identidad, algo flexible.

Hoy, el carnaval se vive de mil formas distintas según el lugar, pero conserva ese espíritu original. Viajar para vivirlo es una manera directa de entender una cultura desde adentro, cuando baja la guardia y se anima a celebrarse a sí misma. El carnaval vuelve todos los años y nunca es exactamente igual. Tal vez por eso sigue funcionando: porque, estés donde estés, cuando llega, sabés que algo distinto está pasando.

Tips viajeros: carnavales imperdibles del mundo

  • Río de Janeiro, Brasil: samba, desfiles y una ciudad que late al ritmo de las escolas.
  • Venecia, Italia: máscaras, historia y un carnaval que se recorre caminando.
  • Oruro, Bolivia: ritual, danza y una de las celebraciones más profundas de América Latina.
  • Barranquilla, Colombia: música, tradición y fiesta popular sin pausa.