No importa si uno llegó hasta allí por el edificio de Frank Gehry, por la colección del museo o simplemente paseando junto a la ría. Tarde o temprano aparece. Es una araña, pero no es cualquier araña.

Mide más de diez metros de altura, está hecha de bronce, acero y mármol, y sus patas largas y finas parecen sostener el aire. Debajo de su cuerpo metálico, una estructura protege huevos de mármol blanco. La escena puede resultar inquietante, pero también tiene algo protector.

Para su autora, la artista franco-estadounidense Louise Bourgeois, la araña no representaba el miedo. Representaba a su madre. Bourgeois nació en París en 1911, en una familia dedicada a la restauración de tapices antiguos. Creció entre telas y talleres donde las piezas se reparaban con paciencia, un trabajo que su madre supervisaba con dedicación.

Años después, Louise encontraría allí una metáfora perfecta sobre su madre : la araña como tejedora, reparadora y protectora. Su vida estuvo marcada por conflictos familiares, especialmente con su padre. Décadas más tarde, esos recuerdos se transformarían en el combustible emocional de su obra. Para Bourgeois, el arte era una forma de ordenar miedos, memorias y heridas.

En 1938 se mudó a Nueva York, donde desarrolló gran parte de su carrera. Durante años su trabajo pasó relativamente desapercibido dentro del circuito artístico.Las arañas aparecerían mucho después.

La serie comenzó en los años noventa, cuando Bourgeois ya tenía más de ochenta años y estaba produciendo algunas de sus obras más monumentales: esculturas que combinaban fragilidad y fuerza, miedo y protección.

“Maman”, instalada frente al Guggenheim Bilbao desde 1999, terminó convirtiéndose en una de las esculturas más famosas del arte contemporáneo. Quien pasa por debajo de sus patas siente algo difícil de definir: un poco de amenaza, un poco de refugio.

Quizás por eso funciona tan bien en el espacio público. No es una obra que se mire a distancia. Se experimenta. Louise Bourgeois murió en 2010 a los 98 años, después de una vida dedicada a transformar emociones en formas. Y entre todas esas imágenes, la araña quedó como su símbolo más poderoso.